domingo, 13 de enero de 2013

UNA ETERNIDAD DE TREINTA DÍAS..


Ya pasaron treinta días, sí,, uno siguiendo al otro, El sol matando su luz al anochecer y renaciendo del otro lado del planeta, el cielo sobre mi cabeza y bajo mis pies el mundo. Así a los tumbos caminaba mi desorden. Ya pasaron treinta días y el dolor de la muerte no deja de insistir. Ya pasaron treinta días en que a esa hora cuando el golpe dío en medio de mi pecho y sin pensar nada, así como así, de allí, de la nada, nació este humilde montón de letras y, desde entonces no dejo de llorar.
Ya pasaron treinta días y aquel sol no volvió a nacer del otro lado del planeta, Ya pasaron treinta días que el cielo se apago y el la tierra ya no está bajo mis pies.
Una eternidad de solo treinta días.


IGUAL QUE VOS

Y mi piel se marchitará aunque yo no quiera, mi pelo se tornará gris porque así debe ser. Mi memoria dejará poco a poco de recordar que fui simplemente un arquitecto
y miraré mis trabajos intentando recordar quien los dibujó, porque así es la vida.
Acariciaré mi lápiz como el gran tesoro que lo fue para mí e intentaré delinear un algo y emparejar los trazos sin lograrlo, porque no recordaré los motivos.

Sí, olvidaré todo lo importante, inclusive quien fui.

Pero aunque no recuerde nada de todo aquello, lo único que si me llevaré, será archivado en el alma y en mi sangre lo mucho que yo amé.

Se, mamá, que me escuchas en tu silencio, y sabes que no estoy a salvo y tal vez con el tiempo también quede atrapado por él, igual que vos.

Sí, igual que vos, en silencio veré pasar la historia de mi vida para no poder contarlo.

Gracias, mamá.

FERNANDO DI FILIPPO