sábado, 21 de diciembre de 2013

ARTE POÉTICA



Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable. 

Jorge Luis Borges

sábado, 16 de noviembre de 2013

UN GATO



 


Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza.
Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un león desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche.
Un pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato.
Sos fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato.
Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago, el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.

Fuiste amigo, fuiste enemigo, no lo se.
Estás vivo, estás muerto, no lo se.
Sí se Wilson, que yo al final de mis días y hoy muy solo, comprendo la mágica sabiduría de esa cautelosa amistad que desde tus silencios arcanos me permitiste descifrar.

Gracias Wilson..
Gracias Don Pablo 

FERNANDO DI FILIPPO

lunes, 28 de octubre de 2013

DOLOR





Cuando la pena muere que nos queda para llorar,
                                                                                  murmuró el niño.
Cuando la pena muere que nos queda para llorar,
                                                                                  murmuró el joven.
Cuando la pena muere que nos queda para llorar,  
                                                                                  murmuró el genio.
Cuando la pena muere que nos queda para llorar,  
                                                                                  murmuró el sabio..
Cuando la pena muere que nos queda para llorar,…
                                                                                  se miraron tristemente
                                                                                              todos murmuraban
                                                                                                          ya callando.
                                                                                           Todos callaron
                                                                                                                      ///
                                                                                  El corazón no calló
                                                                                                  y el corazón dijo
                                                                       Un insondable vacío
                                                           Un sufrimiento que nunca fue
                                                Un amor con presencia de ausencia
                                    Un fatigoso andar a ningún lugar
                                                                                                                      ///
                        ¿ Una pérdida?
                                   ¿ Será ?
            Un duelo y…
Soledad

FERNANDO DI FILIPPO

jueves, 17 de octubre de 2013

SIN TITULO..., PARA QUÉ.



El suicida

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.


Jorge Luis Borges (1899-1986)

viernes, 27 de septiembre de 2013

ANTE LA LEY


Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.
-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

FRANZ KAFKA

domingo, 22 de septiembre de 2013

¿ EL BOLUDO?



Por mirar el otoño perdía el tren del verano. Usaba el corazón en la corbata. Me subía a una nube, cuando todos bajaban.
Mi madre me decía: No mires las estrellas para abajo, no mires la lluvia desde arriba. No camines las calles con la cara, no ensucies la camisa; no lleves tu corazón bajo la lluvia, que se moja. No des la espalda al llanto, no vayas vestido de ventana, no compres ningún tílburi en desuso.
Mirá tu primo el recto que duerme por las noches. Mirá tu primo el justo que almuerza y se sonríe. Mirá tu primo el probo puso un banco en el cielo. Tu cuñado el astuto que ahora alquila la lluvia. Tu otro primo el sagaz que es gerente en la luna.
- Tienes razón, mamá- dije yo, el boludo, y me bebí el agua de una rosa. - No seré más boludo- y me bajé del viento. - Seré astuto y zahorí- y dí vuelta una estrella para abajo y me metí en el subte y quedaron las gaviotas.

Entonces vinieron los parientes ricos y me dijeron: - Eres pobre, pero ningún boludo. Y yo, el boludo fuí ningún boludo y quemaba en las plazas las hojas que molestan en otoño. Y llegó fin de mes. Cobré mi primer sueldo y me compré cinco minutos de boludo.

Entonces vinieron las fuerzas vivas y me dijeron: - Has vuelto a ser boludo, boludo.
- Seguirás siendo el mismo boludo de siempre. - Debes dejar de ser boludo, boludo.

Y medio boludo, con esos cinco minutos de boludo, dudé entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre. Dudé como un boludo. Y subí las escaleras para abajo, hice un hoyo en la tierra miraba las estrellas.
La gente me pisaba la cabeza, me gritaba boludo. Y yo seguía mirando a través de los zapatos como un boludo.

Entonces vino un alegre y me dijo: - Boludo alegre.
Vino un pobre y me dijo: - Pobre boludo.
Vino un triste y me dijo: - Triste boludo.
Vino un pastor protestante y me dijo: - Reverendo boludo.
Vino un cura católico y me dijo: - Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y me dijo: - Judío boludo.
Vino mi madre y me dijo: - Hijo, no seas boludo.
Vino un escribano mentiroso y me dijo: - Te mentí y te diste cuenta… Si seremos boludos... ¡!!. Ya no estás solo.

Ay amigos y nuestro execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada mentira, la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre...

¿ UN BOLUDO?

lunes, 24 de junio de 2013

HOY SUFRO SOLAMENTE




Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la habitación oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una habitación luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
GRACIAS


CÉSAR VALLEJO